La armonía se enseña casi siempre como un inventario —estos acordes, estas cadencias, estas sustituciones— y el estudiante termina pudiendo nombrar lo que oye y sin poder decidir qué escribir. Este libro está construido al revés: cada recurso contesta las mismas cuatro preguntas, y después una quinta que llega de a poco y que, en la Parte VIII, ya es un método completo.
Cada recurso importante de este libro contesta cuatro preguntas, siempre las mismas y siempre en este orden. Eso es lo que lo vuelve una gramática y no una lista: terminás el capítulo pudiendo fabricar la cosa, no reconocerla.
Qué cosa es, dicho en una línea.
El procedimiento, para que puedas fabricarlo y no memorizarlo.
En qué situación musical aparece, y en cuál no.
La razón musical, que casi nunca se dice.
Y, cuando corresponde, una quinta: ¿cómo cambia lo que el oyente espera? Esa pregunta es el destino del libro, no su punto de partida. Aparece de a poco, y recién en la Parte VIII se convierte en un método completo. Antes hay que aprender la armonía.
Todo lo que hay acá está escrito en cifrado —Cmaj7, G7♭9, Dm7♭5— y en grados —ii–V–I, ♭VI, V/V—. Un cifrado dice qué notas hay; un grado dice qué papel cumplen. Ninguno de los dos supone que tengas seis cuerdas o setenta y dos teclas.
Y las escalas se presentan siempre con las dos lecturas a la vez: pentagrama arriba, tablatura abajo, alineados nota por nota. Un saxofonista lee el pentagrama y se olvida de que hay una tablatura debajo. Un guitarrista lee las dos y ve dónde cae cada grado bajo los dedos.
Esto no es un compendio de acordes. No vas a encontrar una tabla de digitaciones: vas a encontrar cómo se construye cada acorde, para que puedas fabricar el que te haga falta en el instrumento que tengas. Un catálogo de posiciones es inevitablemente el libro de un solo instrumento; una fórmula les sirve a todos.
Y hay una segunda razón. Qué notas del acorde suenan, en qué orden y en qué registro, no es un dato del acorde: es una decisión, y depende de la melodía, del bajo y de quién más esté tocando. Un catálogo te da posiciones; lo que hace falta es el criterio para elegir entre ellas, y ese criterio es la Parte III.
| Parte | Título | Capítulos |
|---|---|---|
| I | Fundamentos | 1–9 |
| II | Armonía tonal tradicional | 10–23 |
| III | Conducción de voces | 24–31 |
| IV | Lenguaje armónico del jazz | 32–43 |
| V | Escalas y sistemas | 44–54 |
| VI | Modal, simétrica y no funcional | 55–65 |
| VII | Rearmonización | 66–76 |
| VIII | Armonía de la expectativa | 77–87 |
| IX | Relectura desde la expectativa | 88–98 |
| X | Aplicación | 99–109 |
| XI | Práctica y referencia | 110–119 |
No tiene ningún sentido imprimir cien páginas de diagramas que ya están hechas y que se consultan mejor en una pantalla. Por eso el libro remite a ellas desde el capítulo donde esas posiciones se explican: capítulo 29 para los voicings, capítulo 54 para las escalas y la Parte XI para el analizador de progresiones. Los tres están en este sitio, gratis y sin cuenta.
Todos llegan a la misma pregunta por un lado distinto: qué espera el que escucha, y qué se lo hizo esperar. No hace falta haber leído los otros para leer cualquiera de ellos.
Tapa blanda y Kindle, en inglés y castellano.
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